En su carta convocatoria del Año de la Fe el Papa Benedicto XVI menciona un “preámbulo” de la fe, una predisposición de “ponerse en camino para encontrar a Aquel que no buscaríamos sino hubiera ya venido”.
En la confianza que tenemos en nosotros mismos, en los demás y en lo que existe, podemos apreciar este “preámbulo” relevante para la vida de fe. El que no confía, no vive. El que no hace ni ofrece confianza, ¿podrá acoger el don de la fe?
1. Encontré confianza e hice confianza
Hay que reconocer que mi nacimiento se debe a una confluencia de elementos, circunstancias y actitudes que confiaban en la vida. Me debo a esta confianza. Si empecé a respirar libremente, no era solo por instinto sino también porque me gustaba vivir y hacer confianza a lo que me sucedía.
Muchas veces, a lo largo de esta vida ya larga, tenía razones para desconfiar y era indicado hacerlo. La confianza en la vida tenía que acrisolarse en mucho sufrimiento ajeno y propio. Tenía que encontrar, elaborar y defender sus propias razones.
Ahora estoy viejo, pero mi nacimiento no ha terminado. Sigo confiando en la vida. Me alegro de sus manifestaciones. Me angustio, cuando la maltratan. Me duele ver en el Perú demasiada gente que nunca llega a gozar de la vida y vivirla con confianza por falta de pan, de afecto y de educación. No puedo asumir mi condición de ciudadano y cristiano sin participar en iniciativas y esfuerzos para que todo los que nacen en esta tierra, lleguen a confiar en la vida. Si hubiera que escoger entre el agua y el oro, escogería el agua.
En el fondo no quiero conocer el lugar donde se tocan confianza en la vida y fe en Dios. Creo que siempre van de la mano.
2. ¡Bienaventurados los que confían en la vida!
Si no estuviese habitado por la confianza en la vida, el grano de trigo en la oscuridad de la tierra no rompería su cáscara; su brote no levantaría pesados obstáculos y no se erguiría ese tallo luminoso coronado de espiga rica de pan y compañía.
Si no estuviese habitado y solicitado por una misteriosa confianza en la vida, el pájaro no despertaría la aurora y no tendría fuerza para disolver la espesa neblina y convocar con afán a otros vivientes.
Si no estuviese habitado y guiado por la confianza en la vida más fuerte que sus contratiempos, el campesino no barbecharía la chacra para sembrar y saborear la esperanza de ver a los suyos sanos y alegres alrededor de la mesa.
Si no estuviese habitado y desafiado por la confianza en la vida, el pescador no dejaría tierra firme y hogar abrigador para aventurarse en alta mar y conocer en medio de la tempestad la bonanza que permite pesca abundante.
Si no estuviese habitada y acicateada por una tenaz confianza en la vida, esta mujer engañada y abandonada no tendría las fuerzas y la creatividad para ser madre y padre del hogar y para asegurar pan, educación y futuro a los suyos.
En fin, sin confianza en la vida el científico no aguantaría en su laboratorio, el empresario no concebiría proyectos, el luchador social no aguantaría los sin sabores inherentes a la causa justa, la maestra no se emocionaría frente al niño que crece en estatura y sabiduría, el joven universitario no se exigiría para ser el profesional que el país requiere, el cura se ahogaría en sus ritos…
A todos ellos les guía una estrella misteriosa, les atrae un imán más fuerte que ellos mismos, les trasciende el autor de la vida en la cual tanto confían.
3. El Dios de la Biblia hace confianza
a. Creando vida según su imagen y semejanza, el creador comunica su propia vitalidad, inscribe en las criaturas la nostalgia, la búsqueda de la fuente.
b. Llamando a Abraham, Moisés, Jeremías, María y a cada ser humano por su nombre, el Dios de la vida les confiere dignidad e importancia única y prolonga su propio ser en vocaciones personales.
c. Haciéndose aliado de Israel en la hazaña de la liberación de la esclavitud, el Dios de la vida está en el horizonte de todo pueblo que no renuncia al canto de la libertad.
d. Manteniéndose fiel a la alianza celebrada a pesar de nuestras infidelidades, el Dios de la vida inscribe su ley en nuestros corazones y nos precede siempre en las tareas de reforma, de reconciliación y de humanización.
e. “Tanto amo Dios al mundo que entregó a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16).
Terminemos con una antigua oración que clama por fe y confianza:
“Señor, que tu gracia inspire, sostenga y acompañe nuestras obras, para que nuestro trabajo comience en ti como en su fuente y tienda siempre a ti como a su fin”.
lunes, 9 de julio de 2012
jueves, 7 de junio de 2012
LA FIESTA DE LA EUCARISTÍA
1. Este
día, la fiesta del Corpus Christi, el distrito ecológico lo será de
verdad. La Plaza Mayor de Nuevo Chimbote
brindará el máximo de su hospitalidad.
Una brisa refrescante desde el mar acogerá a los que vienen de
lejos. No faltarán palomas y gaviotas
para aletear sobre esta muchedumbre “de todas las sangres” y presagiar un gran
regalo para todos. También habrá
arreglos florales atractivos en las graderías del atrio de la catedral donde
destaca la mesa para celebrar la Cena del Señor.Es importante que se convoque este día toda la creación, porque en la Eucaristía hasta las fuerzas cósmicas son asumidas para encontrar en el Amor de Dios su realización plena. “La belleza no es un elemento decorativo de la acción litúrgica; es más bien un elemento constitutivo, ya que es un atributo de Dios mismo en su revelación. Conscientes de esto, hemos de poner gran atención para que la acción litúrgica resplandezca según su propia naturaleza” (Cf. Sacramentum Caritatis 35).
2. Sintámonos a gusto y en casa propia en medio de esta asamblea variopinta. Aquí cabemos todos, con nuestras originalidades y diferencias, con nuestras riquezas y pobrezas. Toda Eucaristía tiene y despliega una dinámica inclusiva. El saludo del Obispo desea la misma ventura a todos: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes”. Nos ha invitado el Buen Pastor. El que llama a cada una de sus ovejas por su nombre. El que anda en busca de la oveja perdida. El que espera con ternura el regreso del hijo pródigo.
Cada Eucaristía es promotora de unidad en la Iglesia y en el mundo. Reconozcamos al inicio de la misa nuestras faltas de caridad y acojamos el perdón de Dios para perdonarnos mutuamente.
Todo en la celebración eucarística gravita hacia el memorial de la pascua de Jesús, de su muerte y de su resurrección. Hoy y ahora podemos acoger el don de la salvación. En cada Eucaristía nos inunda el mismo amor que se derramó en la cruz. “Yo cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mi” (Jn 12, 35).
Con reverencia y disponibilidad recordemos: “Gratuitamente han recibido, den también gratuitamente” (Mt 10, 8).
Nos conviene que el Señor se fije en las fachadas que bordean nuestros caminos y que nosotros no escondamos lo que pasa detrás de nuestras fachadas. Queremos ser la Iglesia renacida en Vaticano II: “El gozo y la esperanza, las tristezas y angustias del hombre de nuestros días, sobre todo de los pobres y de toda clase de afligidos, son también gozo y esperanza, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo, y nada hay verdaderamente humano que no tenga resonancia en su corazón”. (GS 1).
sábado, 21 de abril de 2012
“¡VAYAN A GALILEA! ALLÍ ME VERÁN.”
Con
estas palabras (cf. Mc 16,7 y Mt 28,7; 10; 16) Jesús resucitado da cita a sus
discípulos. ¿Por qué hay que buscar el
encuentro con el Señor en Galilea? ¿Acaso no puede aparecer y manifestarse en
cualquier lugar? ¿Por qué esta elección de Galilea? ¿Es una orden de Cristo
también para los discípulos de hoy?1. Ir a Galilea: hacer memoria del terruño y estilo de vida de Jesús.
Para siempre Jesús resucitado será “la Palabra que se hizo carne y puso su morada en medio de nosotros” (Jn 1, 14). La campiña de Nazareth, los caminos de Galilea, la orilla del lago, Cafarnaún, Caná, Magdala y Naím han entrado en el corazón de Jesús. Las alegrías, el trabajo de la chacra y de la pesca, los sufrimientos y las esperanzas de los galileos son parte del tejido de la personalidad de Jesús. Galilea vive y vibra en las oraciones de Jesús.
En la sinagoga de Nazareth en Galilea es “ungido por el Espíritu para anunciar buenas nuevas a los pobres, para sacar del calabozo a los presos, para devolver la vista a los ciegos, para liberar a los oprimidos y proclamar tiempos de gracia del Señor” (cf. Lc 4, 16-19). Sobre todo en Galilea Jesús pondrá en práctica lo proclamado en la sinagoga de Nazareth. Jesús, para siempre, quiere ser “el que pasó haciendo el bien” (cf. Hch 10,38).
De Galilea Jesús emprende resueltamente el camino a Jerusalén. En Samaria y Judea que era fiel a su práctica Galilea: anuncia el reino, sana a los enfermos, levanta los caídos y no hace concesiones con sus adversarios. Como un reconocimiento a su identidad irrenunciable el letrero en la cruz dice: Jesús Nazareno, Rey de los Judíos.
No hay manera de ser discípulos y misioneros de Jesús sin ir a Galilea. Allí se le ve. Allí puede tener lugar el encuentro con él.
2. Galilea en nuestro mapa.
El profeta Isaías había anunciado “para la Galilea de los gentiles, es pueblo que habita en tinieblas y sombras de muerte, el resplandor de una gran luz” (cf. Mt 4, 12-17). Jesús, luz del mundo y de todos los pueblos, no puede serlo sino insertándose en el pueblo que le designan su Padre y su madre. No puede pretender iluminar tinieblas y sombras de muerte sino optando por los más heridos por la oscuridad y las estructuras de violencia y de hambre. Su mensaje y don de salvación no puede alcanzar universalidad sino por la obediencia a la condición existencial del más pobre (cf. Fil 2, 5-11).
Ir a Galilea para ver al Señor significa, seguir sus pasos. Significa para nosotros, ir a Chimbote, encrucijada de pueblos y culturas, para José María Arguedas y muchos de nosotros “la ciudad que menos entiendo y más me entusiasma”. Como Jesús en Nazareth, en esta ciudad y en el campo, somos llamados a ser buenos vecinos, a sentir compasión al ver a los muchos asaltados y mal heridos en el camino, a conservar celosamente el aceite y el vino para consolar, aliviar dolores y organizar solidaridad. Yendo a la Galilea chimbotana nos pueden crecer antenas para entender, en algo, lo que pasa en Cajamarca, en la Oroya y en el Vrae.
En las galileas del mundo entero pulsa un gran anhelo de fraternidad y queda vivo el sueño de la aldea global.
3. No hay Iglesia sino la de camino a Galilea.
Conforme a Mt 28, 16-20 los discípulos marchan a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Como y con Jesús sus discípulos estarán en el monte de las tentaciones y su fidelidad es puesta a prueba. En el monte de las bienaventuranzas la Iglesia recibe el código de la Nueva Alianza. En el monte de la transfiguración de Cristo también sus discípulos pueden encontrar luz y aliento para cumplir con su misión. Evidentemente la Iglesia se constituye, se recibe y se renueva constantemente en el ahora omnipresente monte de la resurrección. Su Señor no es alguien que se aleja en su ascensión; mas bien se acerca y envuelve a sus discípulos con su Espíritu.
Reivindicando autoridad suprema el resucitado encarga a sus seguidores el duro trabajo de “hacer discípulos” de toda las gentes, de introducirles en la comunión trinitaria por el bautismo y los demás sacramentos y de enseñarles a practicar lo mandado por Jesús y compartido por ellos en Galilea.
La Iglesia recibirá siempre su ser y su misión a la vez de la comunión con Cristo resucitado y de la comunión vivencial con Jesús, el nazareno y galileo. En este afán el mismo Señor le ha prometido su presencia y acompañamiento hasta el fin del mundo.
Discípulos y misioneros, ¿de qué caminos son infatigables caminantes?, ¿de qué Dios son asiduos buscadores?, ¿nos ponemos en camino a Galilea?
domingo, 1 de abril de 2012
MARÍA DE MAGDALA: DISCÍPULA Y MISIONERA
Es un gozo personal, rehacer con ustedes, en este tiempo pascual, la meditación del encuentro de María Magdalena con el Resucitado: Jn 20, 11-18. El relato recibe su inspiración y hasta ciertas formulaciones del poema bíblico sobre el amor: El Cantar de los Cantares.1. Estaba María junto al sepulcro fuera llorando.
Jesús había ayudado a María a salir de una situación de oscuridad, de enredo y desesperación. Jesús se había fijado en ella y, lejos de despreciarla, le había dado aliento y fuerza para regresar a su ser. Ella no era nadie y Jesús la llamó a ser integrante del grupo de hombres y mujeres que seguían a Jesús (cf. Lc 8, 1-3). En la comunidad de Jesús María había encontrado el tesoro, la perla fina del reino.
Ahora, cerca del sepulcro de Jesús, está llorando. María busca a Jesús entre los muertos. Ya no recuerda que Jesús había anunciado su resurrección y que la tristeza por su ausencia se va a convertir en alegría. Evidentemente el llanto de María tiene una connotación muy personal, pero en sus lágrimas podemos encontrar la desesperación de mucha gente en el mundo que se ve confrontada con la pérdida de sentido y recursos para vivir. Tu llanto, mi llanto están en el llanto de María. Miremos de cerca los relatos de la resurrección de Jesús: el desconcierto por la ausencia del Señor es parte de la fe en su presencia.
Admirable ver como la tristeza de María no tiene nada de parálisis. Inquieta se mueve, mira en todas las direcciones, ve señales, escucha voces, hace preguntas. Todavía no reconoce al Señor, pero intuye y siente que él la envuelve. “No lo buscaría, sino lo hubiera encontrado ya.”
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sábado, 17 de marzo de 2012
MEDITACIÓN CUARESMAL
Un tesoro en vaso de barro (cf 2Cor 4, 6-12)Tú y yo somos hechos de polvo. El barro que somos no se refiere solo a una parte de nuestro ser, a una discapacidad o al pecado en nosotros. Todo nuestro ser tiene de barro. Es cuestión de fábrica. Es condición humana.
Polvo evoca algo muy ordinario e insignificante. Es anónimo y no tiene figura. No tiene consistencia y se desparrama. El viento lo levanta y lo deja donde quiere. Lo pisan todos los caminantes y ni siquiera protesta. Es gris y aburrido. No tiene ni meta ni objetivo. Es lo que queda del que terminó de morir.
Y sin embargo, el vaso de barro que somos es y contiene el tesoro más grande. Por la “bajada” de Jesús a nuestra tierra el polvo que somos ha sido exaltado y comparte el nombre sobre todo nombre (cf Fil 2, 5-11). Nuestra nada está habitada por el Todo. Este vacío recibió plenitud.
El vivir, inclusive con valentía, inteligencia y santidad, nos hará experimentar muchas veces que somos barro, polvo y ceniza; la cuaresma nos viene a recordar que la vida cristiana siempre requiere su purgatorio, ese tiempo para devenir lo que somos, para acoger el regalo de la salvación, para creer en el Amor. “Soy, Señor, la promesa que solo tú puedes cumplir.” (Paul Claudel)
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http://palabrapensadaycompartida.blogspot.com/2012/03/no-huyamos-del-purgatorio.html
jueves, 15 de marzo de 2012
NECESITO
Necesitotu presencia, un tú inagotable y encarnado
que llena toda mi existencia,
y tu ausencia, que purifica mis encuentros
de toda fibra posesiva.
Necesito
el saber de ti que da consistencia
a mi persona y mis proyectos,
y el no saber que abre mi vida
a tu novedad y a toda diferencia.
Necesito
el día claro en el que brillan los colores
y se definen los linderos del camino,
y la noche oscura en la que se afinan
mis sentimientos y mis sentidos.
Necesito
la palabra en la que te dices y me digo
sin acabar nunca de decirnos,
y el silencio en el que descansa
mi misterio en tu misterio.
Necesito
el gozo que participa de tu alegría,
última verdad tuya y del mundo,
y el dolor, comunión con tu dolor universal,
origen de la compasión y la ternura.
Benjamín Glz Buelta
domingo, 12 de febrero de 2012
¡VIVA EL TIEMPO ORDINARIO!

Me refiero al tiempo litúrgico ordinario, pero también a lo ordinario de la mayoría de los días del año así como a una historia humana con olor de ordinariedad y a esa vida muy ordinaria que es la mía.
1. Las grandes fiestas cristianas son regalos muy preciosos. Hacen memoria de Jesús que acampa en medio de nosotros y nos comunica desde la cruz su Espíritu para que seamos fieles a la condición humana y como Él sirvamos el reino de Dios.
Tendemos a malograr la celebración de nuestras grandes fiestas religiosas por muchas ambigüedades y comprendemos a Dios que nos dice: “¡Aparta de mí el ronroneo de tus canciones, no quiero oír la salmodia de tus arpas! ¡Que fluya, sí, el derecho como agua y la justicia como arroyo perenne!” (Amós 5, 23-24). Por eso, regresar al tiempo ordinario, muchas veces, significa regresar a la verdad.
2. La vida ordinaria pone a prueba nuestras declaraciones y afirmaciones solemnes. Sí, pienso en este momento en lo que queda como desafío para la Iglesia chimbotana después de la reciente semana pastoral diocesana: esmerarnos para que la relación con Cristo sea una experiencia vivencial; optar por un estilo de vida conforme al suyo en medio de una realidad que diariamente produce desgracia y engendra a pobres; atraer desde comunidades cristianas que hacen conocer, amar y seguir a Jesús.
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1. Las grandes fiestas cristianas son regalos muy preciosos. Hacen memoria de Jesús que acampa en medio de nosotros y nos comunica desde la cruz su Espíritu para que seamos fieles a la condición humana y como Él sirvamos el reino de Dios.
Tendemos a malograr la celebración de nuestras grandes fiestas religiosas por muchas ambigüedades y comprendemos a Dios que nos dice: “¡Aparta de mí el ronroneo de tus canciones, no quiero oír la salmodia de tus arpas! ¡Que fluya, sí, el derecho como agua y la justicia como arroyo perenne!” (Amós 5, 23-24). Por eso, regresar al tiempo ordinario, muchas veces, significa regresar a la verdad.
2. La vida ordinaria pone a prueba nuestras declaraciones y afirmaciones solemnes. Sí, pienso en este momento en lo que queda como desafío para la Iglesia chimbotana después de la reciente semana pastoral diocesana: esmerarnos para que la relación con Cristo sea una experiencia vivencial; optar por un estilo de vida conforme al suyo en medio de una realidad que diariamente produce desgracia y engendra a pobres; atraer desde comunidades cristianas que hacen conocer, amar y seguir a Jesús.
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