lunes, 28 de septiembre de 2009

Equipaje indispensable para misioneros


Me gustaría señalar unas actitudes humanas y cristianas que ayudan para la sensibilización y preparación para la misión:

1. Dar verdad a nuestras expresiones religiosas.
Ilustremos esta exigencia con ejemplos:
La señal de la cruz al inicio del día, al inicio de la misa o al pasar delante de un templo puede ser un “garabato” sin alma y sin corazón o ser una sentida oración llena de gratitud por el don de la salvación ofrecida desde la cruz de Cristo.
Un sacerdote de edad estaba a mi lado en una eucaristía concelebrada. El arzobispo, que presidía la celebración, pronunció la oración-colecta con “metralleta”. El anciano a mi lado murmuró: “¡Qué manera de hablar con Dios!”. Oraciones dichas solamente con labios y cuerdas vocales, sin interioridad, son inútiles y pueden ser hipocresía.
También tomemos conciencia que la Palabra de Dios proclamada en la asamblea reunida solamente puede conmover e interpelar a los oyentes, si antes de proclamar la Palabra de Dios, la hemos hecho un mensaje vital para nosotros mismos.
Dando sentido y verdad a nuestras expresiones religiosas nos evangelizamos a nosotros mismos y, de repente, también a los que nos ven, escuchan y observan.

2. Hacer mejor lo que tenemos que hacer
Lo que es deber diario, muchas veces, es pesado y aburrido. Pues pongamos una pizca de alegría en este esfuerzo para que, por lo menos, se parezca a fidelidad y servicio a algo o a alguien.
No nos es fácil, valorar lo banal de nuestro quehacer diario como participación en la creación y evolución del mundo. Sin embargo, lo es y lo extraordinario tiene siempre como ingrediente mucho ordinario. En lo humilde que realizas cada día, tú puedes decir la calidad de tu vida, hacer percibir tus raíces invisibles.
También mira con ojos nuevos a los que cruzan cada día tu camino. Puedes pedirles servicio y ofrecerles tu servicio. Puedes preguntar por sus penas y sus alegrías. Puedes pedirles perdón y ofrecerles perdón. ¡Déjales discrepar contigo!, para que aprendas a vivir la comunión en la diferencia.
No hay una manera neutral de vivir. En todo lo que hagas, te acercas al Bien o te alejas del mismo. ¡Convierte lo ordinario de tu vida en opción por lo que es bueno y te sensibilizas a ti y a otros para una gran misión!

Discernir los signos de los tiempos
¡Si supiéramos ser contemporáneos de lo que sucede! Solo son contemporáneos de verdad quienes observan críticamente el acontecer y participan activamente en el alumbramiento del bien común.
Como creyentes podemos discernir en los acontecimientos producidos por decisión humana la presencia o la ausencia del Señor. Pues ¡toma posición! ¡Denuncia lo que es mentira y corrupción! ¡Entra solidariamente en iniciativas que promueven el bien común! ¡Defiende solo y mancomunadamente con otros los derechos y deberes humanos!
¡Sé un viviente, reconoce tus dones! Eres un surtidor de agua viva. ¡Da de beber con amabilidad, entrega y generosidad! y ya habrás dicho algo del que es la Fuente.

Sí, dando profundidad a lo muy ordinario y diario de nuestra vida, nos sensibilizamos y preparamos para la Misión Continental. Y si esta capa de mi ser no se evangeliza, desconfiaré de poses vistosos en la expresión de mi fe.

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