Acabamos de
celebrar la Semana Santa y por 50 días el tiempo litúrgico pascual nos
recordará dónde se ubica el pozo de agua viva y de dónde sopla el Espíritu
Santo. No nos olvidemos: “El que no nazca del agua y del Espíritu Santo, no
puede entrar en el Reino de Dios” (Jn 3,5). Nuestro nacimiento no tuvo su hora,
su día y su año; la fe nos pide renacer hoy, “hacernos hoy hijas e hijos de
Dios” (Jn 1,14), obedecer a llamadas a la vida que nos alertan hoy, “reconocer
hoy los signos de los tiempos” (Cf. Mt 16, 1-4).
1.
“Un colirio para que lo pongas en tus ojos y recobres la vista” (Ap.
3,18)
El gol de
Jefferson Farfán en el 88´del último clásico del Pacífico nos puede llenar de
alegría y emoción. El premio internacional que destaca la gastronomía peruana
puede alegrar a todas y a todos los que
cocinan y comen. El crecimiento seguido y persistente de la economía peruana
puede significar mucho, especialmente para los que ya se benefician del mismo.
Muchos otros logros en diversos campos pueden reclamar reconocimiento y orgullo
nacional, pero no necesariamente caen como buena nueva en tierras y corazones
peruanos marcados por la pobreza, la frustración y la marginación. Con los ojos
de estos últimos hagamos brevemente la lectura de una señal preferentemente
enviada a ellos y a nosotros en favor de ellos.
2.
“Vino del fin del mundo para el mundo entero”
a.
Escogió como nombre papal
Francisco. Es que en San Francisco de Asís percibe su vocación y quiere
proponer a la Iglesia y al mundo un camino nuevo. De hecho San Francisco de
Asís, en tiempos de decadencia eclesial y de estructuras económicas que
engendraban más y más pobres, inauguró un estilo de vida de identificación con
el pobre y de defensa del sentido social de los bienes económicos y del medio
ambiente.
b.
Escuché decir al Papa Francisco su
querer de “una Iglesia pobre para los pobres”. Estas palabras ya estaban en el
discurso de Juan XXIII antes de inaugurar Vaticano II. Estas palabras expresan
lo central de Medellín y Puebla. Se vinculan con el grito de Juan Pablo II en
Villa el Salvador: “Hambre de Dios, sí. Hambre de pan, no”. Tocó a Benedicto
XVI recordar en Aparecida que la opción preferencial por los pobres es
cristológica, es parte integral de la fe en Cristo Jesús.
c.
Vi al Papa Francisco rompiendo el
protocolo para abrazar a un niño y acariciar a un minusválido. “El que acoge a
un niño como este, a mi me acoge” (Mc 9,37). “En verdad les digo que cuanto
hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños a mí me lo hicieron” (Mt
25,40). Ya no más abuso de niños en el recinto de la Iglesia y fuera del mismo.
El precio del ser humano no está en su capacidad de producción y rendimiento
económico; la belleza profunda del ser humano no se ve con los ojos.
d.
Con dosis medidas el Papa Francisco
simplifica algunos rituales y se aleja
de apariencias fastuosas. No puede prender de hoy a mañana la fogata que queme
tantos títulos y atuendos que se han vuelto obsoletos y opacos en el mundo
moderno. ¡Qué lindo sería que los distintivos broten de los misterios que nos
constituyen y los evoquen y que no promuevan segregación sino comunión! Debemos
salvaguardar algunas afirmaciones hermosas de Benedicto XVI sobre el valor
divino y redentor de la belleza.
e.
El día de su entronización sin
trono, en la fiesta de San José, el Papa Francisco habló de una Iglesia
servidora y siempre atenta al mandato de Dios, disponible para caminos nuevos.
¿Habrá pensado el Papa en un modelo de institucionalidad más sinodal de la
Iglesia, en una presencia más descentralizada, en una Iglesia de mayor comunión
y participación?
f.
El Domingo de Ramos en su homilía
el Papa Francisco quería que la palma en nuestras manos sea expresión de
nuestra alegría por la venida del Señor y del envío de su Espíritu. De hecho
sin alegría creída, sentida y comunicada no hay manera de ser “Iglesia que
crece por atracción” (DA 159).
3. “Ver o perecer” (Teilhard de
Chardin)
Hasta ahora las “encíclicas” del Papa Francisco
escritas con palabras lapidarias y gestos elocuentes que brotan del corazón del
evangelio han logrado captar la atención de creyentes y no creyentes en el mundo.
Urge responder a estas señales y participar con redoblado esfuerzo y
aliento en la vida de nuestra Iglesia
local. “Creo, Señor. ¡Aumenta nuestra fe!”

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