martes, 21 de julio de 2015

Bienaventurados los afligidos, porque ellos serán consolados.

1.  Jesús entre los afligidos

Ø  Jesús vive en Nazareth de Galilea: un lugar privilegiado para fijarse en el llanto y la aflicción de muchos pobres en el país. El desamparo de ellos va llenando el corazón de Jesús y entra en su oración al Padre.

Ø  Al inaugurar su misión en la Sinagoga de Nazareth, Jesús lo hace con las palabras de Isaías (61,1-9) que señalan a los afligidos del país y les anuncian el consuelo de su Dios.

Ø  Encontramos la sensibilidad de Jesús frente a los afligidos, cuando pregunta al leproso o al ciego:”¿Qué quieres que haga por ti?”  Jesús se deja conmover por las lágrimas de la pecadora en casa del fariseo Simón (Lc 7,36-50). Se acerca a la madre desesperada por la muerte de su único hijo y le dice: “¡No llores!” (Lc 7,11-17).  Jesús mismo llora al compartir el dolor por la muerte de su amigo Lázaro (Jn 11, 1-44).  El Evangelio de Lucas no deja de mencionar que Jesús, al mirar la ciudad de Jerusalén, llora porque no quiere acoger lo que significa para ella la paz del Reino (Cf. Lc 19,41-44).

Ø  No dejemos de recordar que Jesús mismo quiere ser encontrado, reconocido y atendido en los afligidos de este mundo: “En verdad les digo que cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mi me lo hicieron” (Mt 25,40).


2.  Nuestros mártires en medio de los afligidos

Ø  Cuando Sandro en Santa y Miguel y Zbigniew en Pariacoto inician su misión, la Iglesia latinoamericana ya había celebrado sus encuentros de Medellín y Puebla, herramientas indispensables de un misionero.
       Encontramos en Puebla una evocación muy existencial de los afligidos en el subcontinente y se plasma de una manera lapidaria su significación teológica: un obispo peruano, Mons. Germán Schmitz, tuvo una intervención decisiva para que en Puebla y en las siguientes Conferencias  Generales, incluida la de Aparecida, se reconozca  en el rostro de los afligidos los rasgos, sufrientes de Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela (P. 27-50).

Ø  “La globalización hace emerger en nuestros pueblos nuevos rostros de pobres.  Con especial atención y continuidad con la Conferencias Generales anteriores, fijamos nuestra mirada en los rostros de los nuevos excluidos: los migrantes, las víctimas de la violencia, desplazados y refugiados, víctimas del tráfico de personas y secuestros, desaparecidos, enfermos de HIV y de enfermedades endémicas, tóxicodependientes, adultos mayores, niños y niñas que son víctimas de la prostitución, pornografía y violencia o del trabajo infantil, mujeres maltratadas,  víctimas de la explotación sexual, personas con capacidades diferentes, grandes grupos de desempleados/as, los excluidos por el analfabetismo tecnológico, las personas que viven en la calle de las grandes urbes, los indígenas y afroamericanos, campesinos sin tierra y los mineros.  La Iglesia, con su Pastoral Social, debe dar acogida y acompañada a estas personas excluidas en los ámbitos que correspondan”. (DA 402)

Ø  Abundan testimonios que confirman que nuestros mártires se detenían frente a estos rostros sufrientes de Cristo.  Hacían regresar la alegría a ojos apagados. Comunicaban dignidad a vidas de mujeres  y hombres marginados.  Les hacían decir su palabra.  Les apoyaban en iniciativas sociales y educativas para que el futuro sea menos triste y menos pesado.  Acompañándoles les hacían experimentar el consuelo de Dios.

3.  Pastoral con consuelo


Ø  La pastoral no es para consolar, pero pastoral que no consuela, no es pastoral especialmente cuando se multiplican alrededor de nosotros los rostros de Cristo sufriente.

Ø  El Pastor y la pastora que consuelan, entran en la vida de la gente por la puerta. Son esperados y acogidos por los afligidos, porque vienen para consolar.  Se toman tiempo para escuchar largos relatos de desgracia, soportan sollozos y llanto, entienden enojo y resentimiento. 
¡Qué alegría, cuando la oveja se experimenta llamada por su nombre!  Esa  mujer maltratada y marginada renace, puede contar su historia, ser alguien.  Los ojos del niño triste vuelven a brillar.  El joven frustrado y desorientado nuevamente vuelve a soñar.  El anciano agradece la compañía.  El pecador se anima a cambiar.
El buen pastor, la buena pastora vienen para sacar del corral, para liberar, para abrir nuevos surcos y seguir a quien es camino, verdad y vida en abundancia.
El buen pastor, la buena pastora dan la vida por sus ovejas. Antes de ser matados, Sandro, Miguel y Zbigniew ya eran vidas entregadas, vidas que consuelan.

Ø       Me da vergüenza, tener que confesar que recién hoy me doy cuenta que en 2 Cor 1,3-7 San Pablo habla 10 veces de consuelo y consolar, del don y la tarea para una Iglesia samaritana en camino: “¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, que nos consuela en toda tribulación nuestra para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios! Pues, así como abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, igualmente abunda también por Cristo nuestra consolación.  Si somos atribulados, lo somos para el consuelo de ustedes, que les hace soportar con paciencia los mismos sufrimientos que también nosotros soportamos.  Es firme nuestra esperanza respecto de ustedes; pues sabemos que, como son solidarios con nosotros en los sufrimientos, así lo serán también en la consolación.”



Concluyendo tengamos presente que los días 9 y 25 de agosto celebramos el aniversario de la muerte de nuestros mártires Miguel, Zbigniew y Sandro.  También  honramos la fecha del 28 de agosto conmemorándose los 12 años  de la entrega del informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR).  ¡Bienvenidos nosotros si en estos días nos unimos al llanto de los muchos que extrañan a sus seres queridos arrebatados por la violencia!


No cabe duda que los que lloran en este mundo, aplastados y heridos por la desgracia, gozan de una autoridad que no tienen los perdidos en la superficialidad e indiferencia.  Nuestro Dios “ve la aflicción de su pueblo y escucha sus clamores y gemidos” (cf. Ex 3,7).  Él consuela a su pueblo.  Tenemos el derecho de decir lo que nos duele y el deber de consolar al que sufre.

sábado, 27 de junio de 2015

BIENAVENTURADOS MIGUEL, ZBIGNIEW Y SANDRO

“Cristo es el verdadero protagonista de las bienaventuranzas: No es solo el que las ha enseñado o enunciado, sino que es, sobre todo el que las ha realizado del modo más perfecto y con toda su vida” (Juan Pablo II en su discurso a los jóvenes del Perú en 1985).  El seguimiento de Jesús y la acogida del reino se verifican en la confesión y práctica de las bienaventuranzas.

Entonces, “los ojos fijos en Jesús” (Hb 12,2), recordando la vida y la muerte de nuestros mártires y obrando nuestra propia conversión, meditemos la segunda bienaventuranza en Mt 5,4.


II. Bienaventurados los mansos,
        porque ellos poseerán la tierra.




1.  Jesús, manso y humilde de corazón

v El enunciado de la segunda bienaventuranza se encuentra casi literalmente en el versículo 11  del Salmo 37 en el cual se confronta la situación de los impíos con la de los pobres y humildes. El salmo es una llamada a los humildes a confiar en que la justicia de Dios prevalecerá sobre la maldad y la violencia de los impíos y al mismo tiempo una exhortación a no responder con las mismas actitudes de violencia, de cólera, enojo e ira a los que les oprimen.  -Para la profundización de la segunda bienaventuranza nos conviene hacer nuestra la oración del Salmo 37 y tener presente que también era oración de Jesús.

v Jesús vivía en un país y en una sociedad marcados por la violencia.  Él sabía que era peligroso bajar solo de Jerusalén a Jericó. Sus ojos de niño y joven veían horrorizados las muchas crucifixiones que ordenaba la justicia romana.  Sabía que entre los suyos rige la ley: “ojo por ojo y diente por diente”.  Jesús aconsejaba a sus discípulos a romper con la espiral de la violencia, a no devolver mal por mal, a amar al enemigo, a perdonar, a no juzgar, ni condenar.

v Cierto día, Jesús da gracias al Padre por revelar los misterios del reino a los pequeños y humildes y ofrece alivio y descanso a los agobiados y sobre-cargados de las leyes de este mundo (cf.Mt 11,25-30).  “Tomen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mi que soy manso y humilde de corazón y hallarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.  La mansedumbre de Jesús brota de su comunión con el Padre: “Todo me ha sido entregado por mi Padre”.

v Cuando ya los fariseos confabulan contra Jesús para eliminarlo, Mateo aplica a Jesús el estilo del Siervo de Yahvé en Isaías: “He aquí mi siervo, a quien elegí, mi Amado, en quien mi alma se complace. Pondré mi Espíritu sobre Él, y anunciará el juicio a las naciones. No disputará ni gritará, ni oirá nadie en las plazas su voz. La caña cascada no la quebrará ni apagará la mecha humeante, hasta que lleve a la victoria el juicio: en su nombre pondrán las naciones su esperanza” (cf. Mt 12,14-21).

v La entrada “triunfal” de Jesús a Jerusalén evoca de una manera impactante la venida del Mesías como Rey-Siervo (cf.Za 9,9-10).  Cayendo en manos de quienes lo arrestan, maltratan, condenan y crucifican, guarda la iniciativa y la serenidad.  Hace prevalecer la mansedumbre y opta con todo su ser por la no violencia. 

v De una manera significativa el Evangelio de Mateo en su epílogo subraya que Jesús, denunciador de la violencia y actor de la no violencia, como resucitado posee en herencia la tierra: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra” (Mt 28,18).


2.  Nuestros mártires en medio de la gente humilde de Santa y Pariacoto.

v Ya once años Sandro venía caminando con las comunidades de gente humilde del valle de Santa.  A ese europeo disciplinado, decidido y ejecutivo le costó entrar en el modo de ser y el ritmo de la gente de Santa, había que aprender paciencia, humildad y mansedumbre; recibir antes de dar; percibir buenas nuevas antes de anunciar la Buena Nueva.
Miguel y Zbigniew en Pariacoto vibraban con esa vida dura, sencilla y alegre que se cultivaba en las muchas comunidades de la parroquia.  ¿Cómo entrar en ellas, ser y anunciar la Buena Nueva?  Había que reconocer la propia debilidad, revisar la teología aprendida, olvidar y aprender de quienes en estas tierras, por siglos, sabían vivir y morir

v Los misioneros Sandro, Miguel y Zbigniew se encontraban en medio de poblaciones campesinas, gente humilde que vive una relación determinante con el “humus”: las durezas y las bondades de la tierra se reflejan en el alma del campesino.  La mansedumbre y la humildad del cosmos se palpan en el corazón del que barbecha la tierra, la abona, siembra en ella, distingue en ella entre mala hierba y buena hierba, y todos los días vive pendiente de lo sembrado hasta el día de la cosecha.

v La historia de las comunidades de Santa y Pariacoto es también una larga historia de sobrevivencia en estructuras políticas y sociales de pecado que han “ensuciado” (cf. José María Arguedas) el alma de los campesinos.  Nuestros misioneros eran enviados a rescatar la vocación “comunera” de los pueblos, a sanar, perdonar y unir. 
Aparecida, hablando de la opción preferencial por los pobres, parece sugerir una pastoral de la ternura y mansedumbre: “Solo la cercanía que nos hace amigos nos permite apreciar profundamente los valores de los pobres hoy, sus legítimos anhelos y su modo propio de vivir la fe.  La opción por los pobres debe conducirnos a la amistad con los pobres” (DA 398).

v Según testimonios, en el corto tiempo que toma la brutal detención de nuestros mártires, en sus últimos gestos y palabras, en su actitud indefensa frente a la violencia asesina, resuenan las palabras de Jesús: “Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente” (Jn 10, 17-18).


3.  Algunas preguntas para encaminar nuestra conversión.

v ¿Cómo reacciono yo en situaciones de conflicto y discrepancia con otros? -  ¿La segunda bienaventuranza influye en mi manera de ser y de actuar?

v Frente a tantos hechos de violencia en el país se pide más policías en las calles, más y mejoras cárceles, leyes más drásticas, castigos más contundentes, la pena de muerte…¿Por allí va la solución?

v ¿Qué opinas de la invocación de Dios para justificar la violencia?

v Existen de hecho muchas situaciones de injusticia, de corrupción, de crimen y robo organizados, de violación del medio ambiente: ¿Cuáles podrían ser formas de lucha no violenta frente a estos abusos?

v Compartamos nuestros conocimientos sobre profetas de la no violencia como Mahatma Gandhi, Maximiliano Kolbe, Etty Hillesum, Martin Luther King, Teresa de Calcuta, Oscar Romero, Miguel Tomaszek, Zbigniew Strzalkowski y Sandro Dordi.

v ¿Quiénes eran, son y serán los poseedores de la tierra?


Victor Frankl, recordando el comportamiento de los internos de Auschwitz en medio de violencias de toda índole, apunta: “Nuestra generación es muy realista pues, después de todo, hemos llegado a conocer al hombre en estado puro: el hombre es ese ser capaz de inventar las cámaras de gas en Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado en esas mismas cámaras con la cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shemá Israel en los labios”. 

domingo, 31 de mayo de 2015

BUENAS NUEVAS...


La celebración de la beatificación de nuestros mártires Miguel, Zbigniew y Sandro el 5 de diciembre es fecha importante y ojalá siempre memorable para nosotros.  Existe, sin embargo, la tentación de vivir esa fiesta vaciándola de su honda significación.

Hoy, preguntémonos:”¿Por qué la beatificación de nuestros mártires es una Buena Nueva? ¿Con qué actitudes responder al don que la Iglesia nos hace en la beatificación de los misioneros asesinados en julio de 1991? ¿Cómo la beatificación puede influir en nuestra manera de orar y de hacer pastoral?         

¡Busquemos algunas respuestas!

1.  “Jesucristo descendió a los infiernos”

Buenos conocedores de los 20 años de conflicto armado interno en el Perú (1980-2000) califican el período 89-92 como el más duro y feroz.  La subversión en estos años enarbola pretensiones de alcanzar el equilibrio estratégico, la violencia se orientaba más a eliminaciones selectivas y atentados sumamente cruentos e indiscriminados en grande ciudades.

Entre las muchas víctimas de la violencia insana de estos años están Miguel, Zbigniew y Sandro.  Ellos son asesinados como lo son miles de personas durante estos años en el Perú.  Gran parte de estas muertes son de gente muy humilde y pobre, arrancada de su quehacer y de ver diario.  Debemos mirar la vida y la muerte de nuestros mártires en comunión con los muchos “que vienen de la gran tribulación y que han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero” (Cf. Ap 7).

Jesús, que desciende por su misterio pascual a nuestros infiernos, los de todos los lugares y tiempos, envuelve con su gracia cada vida humana y le ofrece el don de la salvación.  También de esta esperanza son testigos Miguel, Zbigniew y Sandro. Es importante recordarlo en estos tiempos de violencia inaudita contra cristianos por el fanatismo religioso y político. 

2.  Eran fieles a su vocación

El Padre Sandro era un hombre maduro, un misionero de mucha experiencia, una personalidad definida y decidida. Tuvo tiempo para madurar su vocación y templarla venciendo muchos obstáculos.  Irradiaba alegría de fondo, amaba su vocación y la practicaba con gratitud a Dios y a mucha gente.  Sabía que su vida corría peligro, tenía miedo, pero seguía arando y sembrando. 

Los Padres Miguel y Zbigniew eran vidas jóvenes, misioneros en sus “primeros amores”.   Ni siquiera podían conocer a fondo la tierra que pisaban y la realidad dura que les envolvía y amenazaba.  Habían obedecido a un llamado, habían osado su éxodo, se habían dejado acoger por la gente de Pariacoto y les habían acogido; estaban dando los primeros pasos para ser el bien…Sus últimas horas se llenan de la entrega indefensa y de la radical no violencia del Siervo de Yavé,  evocado en el Libro de Isaías y encarnado en la pasión y muerte de Jesús.

Es importante que aceptemos y amemos nuestra vocación.  Una vocación única es inherente a todo ser humano que no puede ser él mismo y ser feliz sino cumpliendo con su vocación.  Entre nosotros hay las y los que han recibido y aceptado la vocación de servir en la Iglesia el reino de Dios.  La fidelidad de Miguel, Zbigniew y Sandro a su vocación debe impactar en nuestras vidas, llamarnos a regresar a nuestros “primeros amores”, a deshacernos de toda mediocridad e incoherencia, a perseverar, a “dar gratuitamente lo que gratuitamente hemos recibido” (Mt.10,8).  La beatificación implica el reconocimiento solemne por la Iglesia de la fidelidad de nuestros mártires a su vocación.  ¿Cómo celebrarla sino abrazando con mayor fidelidad y alegría nuestra propia vocación?

3.  Vidas misioneras según Papa Francisco

Ahora empiezan a circular entre nosotros fotos, videos y anécdotas de la vida de nuestros mártires en Pariacoto y en Santa.  Estos recuerdos me conectan con las características que el Papa Francisco asigna a una “Iglesia en salida”, a una Iglesia misionera (Cf.EG 24).

Había en la vida de Sandro, Miguel y Zbigniew un afán de “primerear”, de responder a ese Dios que nos amó primero y tomar iniciativas creativas para anunciar el Evangelio en las encrucijadas de la realidad. 

El martirio de estos misioneros es prueba de vidas involucradas en su tiempo y circunstancias.  “La comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo” (EG 24).

Sandro, durante 11 años, Miguel y Zbigniew, con la ilusión de enamorados de su pueblo, acompañaban con paciencia, compasión y solidaridad las comunidades de sus parroquias. 

Corrían los riesgos y los sacrificios del sembrador y de la semilla antes de fructificar.  “El discípulo sabe dar la vida entera y jugarla hasta el martirio, como testimonio de Jesucristo, pero su sueño no es llenarse de enemigos, sino que la Palabra sea acogida y manifieste su potencia liberadora y renovadora. (EG 24).

Quedan las muchas fotos y los testimonios de mucha gente que muestran a nuestros mártires festejando con la gente pequeños y grandes momentos en el camino de la evangelización. 

No puede ser que la beatificación no nos haga más misioneros.

4.  “Creo en la Iglesia Santa”

La Iglesia es santa porque se origina, radica y renace en la gracia de Dios.  Pero no se puede anunciar y creer la santidad de Dios y de su Iglesia, si no se verifica en nuestra historia y realidad.  La Iglesia, al beatificar y canonizar a ciertos fieles, reconoce que en la vida de estos fieles se ha manifestado la fidelidad a la gracia de Dios y se ha practicado el seguimiento de Jesús. “Por lo mismo que los bienaventurados están más íntimamente unidos a Cristo, consolidan más eficazmente a toda la Iglesia en la santidad, ennoblecen el culto que ella misma ofrece a Dios en la tierra y contribuyen de múltiples maneras a su más dilatada edificación” (Lumen Gentium 49).  “Los santos y las santas han sido siempre fuente y origen de renovación en la circunstancias más difíciles de la historia de la Iglesia, (Christifideles Laici 17). 

“Por tanto, también nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con constancia la carrera que se nos propone, fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe” (Hb 12,1-2ª).


sábado, 25 de abril de 2015

VOLVER A JESÚS

Jesús es nuestro camino, su ley nuestro bien y la celebración de su alianza con nosotros nuestro manantial de vida.

1.  Volver a Jesús.

Si esta consigna te huele a banalidad y “déjà vu”, estás perdido y seguirás rezando sin alma y seguirás llenándote de “cachivaches” pastorales.  Volver a Jesús nos convoca a dar una calidad nueva a nuestra relación con él, a buscar un encuentro vivencial con él, a dejarnos arrastrar por él, a escogerlo como camino que nos desenrede de tantas traiciones de lo humano.


¡Sigamos a Jesús por los caminos de Galilea. Miremos todo drama humano con los ojos de Jesús. Como él sintamos compasión. Escuchemos con paciencia las historias de los sufridos.  Como Jesús animemos la fe de quienes quieren levantarse, hablar, participar, comer y jugar!

Volver a Jesús consiste en “volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio para que broten nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovados significado para el mundo actual” (EG 11).
  
2.  Volver al proyecto de Jesús, el Reino de Dios.

Los evangelios han sido escritos para suscitar discípulos y seguidores de Jesús. Lo primero que se aprende de Jesús en los evangelios no es un credo, no es una doctrina, no es un sistema religioso, sino un estilo de vida: una manera de estar en el mundo, una manera de reaccionar frente a la realidad, una manera de involucrarse en lo que acontece, una manera de denunciar lo inhumano y de rescatar lo humano, una manera de obedecer a Dios, una manera de revelar “el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre”.

Según el Papa Francisco el estilo de vida de Jesús ha de ser el nuestro: “Jesús mismo es el modelo de la opción evangelizadora que nos introduce en el corazón del pueblo…Cautivados por ese modelo, deseamos integrarnos a fondo en la sociedad; compartimos la vida con todos, escuchamos sus inquietudes, colaboramos material y espiritualmente con ellos en sus necesidades, nos alegramos con los que están alegres, lloramos con los que lloran y nos comprometemos en la construcción de un mundo nuevo, codo a codo con los demás” (EG 269).


3.  Volver a comunidades y familias de Jesús.

Preguntarse en medio de nuestra cruda realidad y en medio de nuestra Iglesia debilitada: “¿Cuál es el mejor plan pastoral para la Diócesis de Chimbote?”, me parece discusión bizantina. No hay plan pastoral que no diga: “Se trasmite la fe, se celebra la fe y se practica la fe en comunidades de fe”.  La comunidad de comunidades es el horizonte y el norte de todo espacio y de toda tarea pastoral.
El documento de Aparecida, ese preludio latinoamericano de la Evangelii Gaudium, en todos los tonos, nos invita a construir comunidades cristianas atractivas
Recordemos las virtudes que convierten una comunidad cristiana en foco de fe y evangelización:

a.     La comunidad cristiana promueve el encuentro vivencial de familias y personas con Cristo en la escucha de la Palabra de Dios, en la celebración de los sacramentos y en el amor mutuo (DA 158).

b.     Es escuela de formación de laicos, “hombres y mujeres de la Iglesia en el corazón del mundo y hombres y mujeres del mundo en el corazón de la Iglesia” (DA 209-215).

c.      Vive la opción preferencial por los pobres, porque convoca a pobres en su seno y confiere a esa opción preferencial por los pobres la significación cristológica y transversal que tiene en todo el quehacer pastoral de la Iglesia (DA 396-398).

d.     Es escuela de formación permanente en la fe y prepara cuadros para las diversas tareas pastorales (DA 365-372).

e.     Es vitalmente este lugar donde “la Iglesia no crece por proselitismo sino por atracción: como Cristo atrae a todos a sí con la fuerza de su amor” (DA 159).


jueves, 19 de febrero de 2015

“Remen mar adentro…”

Al inicio del año pastoral 2015 conviene recordar esa consigna del Señor a pescadores cansados y un tanto desanimados (Lc 5, 4-11).  Oigan también esa orden discípulos y misioneros tentados por la “seguridad de la orilla” (EG 10) y el “chapoteo pastoral” en aguas a su medida en lugar de apasionarse por una “pesca” en aguas profundas.  “Mar adentro” nos invita a dar profundidad a lo que hacemos.

1.  Hoy se pide creyentes con autoridad.
En nuestros tiempos las creencias religiosas de todos los credos son sometidas a un juicio inexorable.  Grandes concentraciones humanas en muchos lugares rechazan la invocación de Dios para justificar violencia, asesinatos y guerra.  En nuestro medio se desinflan tantos juramentos frente al crucifijo y la biblia que nunca llevan a asumir la causa del crucificado y de su palabra.  La oficialidad de la fe cristiana en las instituciones de muchas naciones no parecen haber contribuido a promover relaciones de justicia y fraternidad.  Las generaciones actuales, especialmente los jóvenes, nos ven como cristianos tibios, ni fríos ni calientes; no somos atractivos y no quieren seguir en nuestras huellas.  Y, aunque nos duela, no dejemos de recordar que los escándalos financieros y los abusos de menores han mermado seriamente la autoridad de la Iglesia católica. 

En medio de todos los pueblos la mejor gente, la más sana y crítica espera de los creyentes en Dios muestras concretas de humanidad y gestos solidarios al servicio de una convivencia humana más feliz. “Llegamos a ser plenamente humanos, cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestros ser verdadero” (EG 8).

2.  Volver a Jesús.

Decía la gente que observaba y seguía a Jesús, que tenía una autoridad diferente que la de los profesionales de la religión (Mt 7,29; Mc 1,22; Lc 4, 32).  Reivindicando una autoridad muy propia, no pocas veces, Jesús va más allá de lo que enseñaba la Ley de Moisés (Cf. Mt 5, 21-48).  Él echa demonios “con el dedo de Dios” (Lc 11, 20).  No duda en perdonar pecados (Mc 2, 5-10).  Justifica su opción preferencial por los pecadores con la autoridad de la Escritura Santa (Mt 9, 10-13).  Limpia el templo de Jerusalén en el nombre de su Padre, el Dios de los Judíos (Jn 2, 13-17).  Se identifica con el Buen Pastor anunciado por los profetas (Jn 10, 1-18), con el pan de vida eterna (Jn 6, 52-58), con el camino, la verdad y la vida (Jn 14, 6).  Finalmente, provocando escándalo, rechazo y su propia condena, afirma: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre…; mis palabras son sus palabras y mis obras son sus obras” (Cf. Jn 14, 8-12). 

En Jesús se manifiesta “el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre” (DA 107).  “En el seguimiento de Jesucristo aprendemos y practicamos las bienaventuranzas del Reino, el estilo de vida del mismo Jesucristo: su amor y obediencia filial al Padre, su compasión entrañable ante el dolor humano, su  cercanía a los pobres y a los pequeños, su fidelidad a la misión encomendada, su amor servicial hasta el don de su vida.” (DA 139)

3.  Integrar comunidades y familias cristianas.

Las conclusiones de la XXXII Asamblea Diocesana de Pastoral nos convocan a todos a revitalizar nuestra Iglesia local y nuestra vocación en comunidades y familias que irradian la autoridad de Jesús y atraen por una convivencia que construye humanidad.  El Papa Francisco, de una manera impactante, recoge este propósito en “La Alegría del Evangelio”: “Necesitamos lugares donde regenerar la propia fe en Jesús crucificado y resucitado, donde compartir las propias preguntas más profundas y las preocupaciones cotidianas, donde discernir en profundidad con criterios evangélicos sobre la propia existencia y experiencia, con la finalidad de orientar al bien y a la belleza las propias elecciones individuales y sociales” (EG 77). 


Termino deseando que las hojas de “Mar Adentro” nos motiven a unirnos en comunidades y familias donde pulse el corazón de Jesús, su ternura y autoridad; donde comunitariamente amamos y defendemos la vida.  Dejo la última palabra al Papa Francisco: “Jesucristo también puede romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo y nos sorprende con su constante creatividad divina.  Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual” (EG 11).